Sí, el cine es imagen. Pero también, y quizá más que otra cosa, el cine es literatura. Los mejores años del cine norteamericano fueron los años en que contrató escritores, los años en que adaptó novelas, cuentos, obras de teatro. El cine empezó a decaer cuando pensó que un escritor y un guionista, un director y un escritor eran la misma cosa. La culpa no fue, por supuesto, de los directores de la nouvelle vague, que eran también buenos escritores, sino de quienes los admiraron y creyeron erróneamente que en el cine de autor no hacía falta el
autor.
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